El éxito de una compañía depende hoy más que nunca de la calidad de su gobierno corporativo. El entorno, altamente volátil por la disrupción tecnológica, la presión competitiva, el mercado laboral y las importantes tensiones geopolíticas, requiere Consejos de Administración capaces de retar al CEO en la ejecución del plan estratégico y de ejercer un alto nivel de exigencia orientado a resultados. Históricamente, los Consejos de Administración se han centrado más en el pasado.
Un buen consejo debe entender que su rol no es gestionar el día a día ni valorar exclusivamente el pasado, sino asegurar que la organización avanza de forma consistente hacia los objetivos estratégicos definidos. Para ello, debe actuar como un contrapeso inteligente del CEO: apoyar, pero también cuestionar; respaldar, pero exigir. Es un aliado, pero debe ejercer su función de contrapoder. Cuando el consejo no cumple esta última función, evita el conflicto o limita su papel a validar decisiones ya tomadas, pierde su razón de ser y pone en riesgo la creación de valor a largo plazo, así como los intereses de los accionistas y de otros grupos de interés.
El CEO
Retar al CEO no implica desconfianza ni confrontación personal. Al contrario, es una señal de compromiso con el proyecto, con los stakeholders y con el propio CEO. Un consejo exigente formula preguntas incómodas, desafía supuestos estratégicos, solicita evidencias detrás de las decisiones y obliga a profundizar en los riesgos y las alternativas. Aporta información relevante de otros sectores, tendencias de mercado, insights geopolíticos, contactos… para que el CEO los integre en su gestión. Este ejercicio fortalece la calidad de las decisiones estratégicas y reduce la probabilidad de errores derivados del exceso de confianza o de una visión parcial.
En ocasiones, el Consejo de Administración veta propuestas del CEO porque son contrarias a la estrategia o a los valores. Viví de cerca cómo el Consejo de Administración de una compañía paralizó una reducción salarial de los trabajadores. Era un momento crítico para la compañía, ya que el plan de expansión requería muchos mandos intermedios personas y se temía un incremento importante de la rotación. El tiempo les dio la razón. El Consejo de Administración solicitó una revisión de los presupuestos y se conformó con un resultado operacional menor.
Las prioridades
La exigencia del consejo se manifiesta, en primer lugar, en la claridad de las expectativas hacia el CEO. El consejo debe asegurar las prioridades estratégicas y los objetivos clave. El CEO debe saber qué se espera de él, en qué plazos y con qué criterios será evaluado. Esta claridad elimina ambigüedades y permite una relación más profesional y orientada al desempeño. Es lógico que en el propio plan estratégico se fijen los objetivos anuales durante su vigencia, actualizándolos cada año. Siempre es recomendable revisar y concretar los objetivos cuando se aprueban los presupuestos a finales de año. Es un deber moral hacia el CEO ser explícito en las expectativas, ya que es el consejo quien lo nombra y lo destituye.
Un consejo exigente realiza un seguimiento periódico de la ejecución estratégica. No basta con aprobar un plan ambicioso; es imprescindible revisar regularmente su avance, analizar desviaciones y exigir explicaciones cuando los resultados no son los esperados. Este seguimiento no tiene un carácter punitivo, sino de aprendizaje y mejora continua. El mensaje es claro: la estrategia importa y su ejecución es una responsabilidad compartida, pero liderada por el CEO. Tampoco hay que perder de vista las nuevas oportunidades; por ello, es importante reservar suficiente tiempo para este punto y no tratarlo nunca al final del orden del día.
El Consejo de Administración
La valentía del consejo es clave para abordar conversaciones difíciles. Retar al CEO implica, en ocasiones, cuestionar decisiones pasadas, señalar fallos de ejecución o incluso replantear la idoneidad de determinadas prioridades. Un consejo que evita estas conversaciones por comodidad o por una relación excesivamente cercana con el CEO compromete su independencia y debilita el gobierno corporativo. La exigencia, ejercida con respeto y criterio, fortalece tanto al CEO como a la organización, ya que será el propio CEO, como nexo de unión, quien traslade esa exigencia a su equipo.
La composición del consejo juega aquí un papel fundamental en esta capacidad de retar. Consejeros con experiencia relevante, diversidad de perspectivas y conocimiento profundo del negocio están mejor preparados para desafiar al CEO con argumentos sólidos y constructivos. Es conveniente incorporar consejeros independientes o senior advisors para aportar una visión externa y conocimientos y experiencias específicas clave para la compañía, por ejemplo, en procesos de internacionalización. También su red de contactos puede ser de gran valor. Al estar más alejados de la cultura interna, suelen contar con mayor libertad de acción. La composición y calidad de los consejeros es importante, pero también lo es fomentar una cultura de diálogo y debate donde exista espacio para la discrepancia profesional, evitando el pensamiento de grupo.
Un consejo exigente envía una señal poderosa al resto de la organización y a los grupos de interés. Demuestra que el plan estratégico no es un documento estático ni un mero trámite, sino una hoja de ruta viva, supervisada y exigida desde el máximo órgano de gobierno. Esto refuerza la disciplina estratégica, la rendición de cuentas y la credibilidad de la compañía.
Solo un buen consejo se convierte en un verdadero aliado estratégico, capaz de impulsar al CEO y a la organización hacia el cumplimiento de los objetivos del plan estratégico y la sostenibilidad a largo plazo.
Artículos:
https://www.fdcapital.co.uk/when-to-challenge-the-ceo-a-neds-perspective
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