Claridad estratégico para el progreso de la PYME

“No llega antes el que va más rápido, sino el que sabe dónde va.” Esta frase, atribuida a Séneca, ha atravesado siglos de historia hasta convertirse en una enseñanza universal sobre el sentido de la acción humana. En apariencia sencilla, contiene una profunda reflexión sobre el valor de la dirección frente a la velocidad, del propósito frente a la prisa. En nuestra época, marcada por la aceleración y los cambios constantes, esta reflexión adquiere una relevancia extraordinaria.

Tener un plan nunca fue tan necesario, tanto en la vida personal como en la PYME y la gran empresa o multinacional.

La frase refleja uno de los principios fundamentales del estoicismo: la importancia de actuar con conciencia y propósito. Para los estoicos, la vida no debía vivirse al azar ni impulsada por emociones descontroladas o presiones externas, sino guiada por la razón. El ser humano, dotado de capacidad racional, tiene la responsabilidad de orientar su existencia hacia fines valiosos. En este sentido, la rapidez carece de valor si no está al servicio de un objetivo significativo.

Muchas personas se esfuerzan por avanzar rápidamente en sus carreras, acumular logros o responder a múltiples exigencias, sin detenerse a reflexionar sobre el sentido de sus acciones. Nos movemos físicamente con más velocidad (aviones o trenes de alta velocidad), la IA mejora nuestra productividad y disponemos de muchas herramientas que nos facilitan la vida y acortan el tiempo: la olla exprés, la lavadora o el microondas. La sociedad moderna premia la velocidad: respuestas inmediatas, resultados rápidos, productividad constante. Sin embargo, esta aceleración no siempre se traduce en progreso real. Es posible moverse mucho sin avanzar verdaderamente.

La falta de tiempo

El tiempo es uno de los bienes más valiosos que poseemos, pero también uno de los más desperdiciados. La vida no es corta, sino que la hacemos corta al malgastarla en actividades sin sentido. Esta observación se relaciona directamente con la frase analizada: avanzar rápido sin saber adónde se va equivale a desperdiciar el tiempo. ¿Cuántas veces nos pasa que acabamos cansados después de una jornada ajetreada, teniendo la sensación de no haber avanzado?

La claridad de propósito es esencial para “vivir bien” o, en términos de empresa, para haber aportado valor. No se trata únicamente de alcanzar metas externas, sino de orientar la vida hacia la virtud, entendida como la excelencia moral y la coherencia interior. El verdadero éxito no consiste en acumular riqueza, fama o poder, sino en vivir de acuerdo con la razón y la naturaleza humana. Desde esta perspectiva, la dirección correcta es más importante que la velocidad. Una vida o un proyecto empresarial con sentido sólo es posible si se tiene un propósito claro. El esfuerzo humano carece de sentido si no está orientado hacia una meta clara. “No hay viento favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige.”

El stress y burnout

Esta enseñanza tiene profundas implicaciones prácticas. En el ámbito personal, implica la necesidad de reflexionar sobre los propios valores y objetivos. En el caso de la empresa, implica reflexionar sobre lo que aporta a los diferentes grupos de interés y a la sociedad. Muchas personas adoptan metas que no han elegido conscientemente, sino que han heredado de su entorno social o cultural. Persiguen el éxito entendido como reconocimiento externo, sin preguntarse si ese éxito coincide con sus verdaderos deseos. Como resultado, pueden alcanzar logros que no les proporcionan satisfacción. Muchas explicaciones relacionadas con el “burnout” guardan relación con estas circunstancias. En el caso de la empresa, ya no basta con maximizar el valor para el accionista. Todos los grupos de interés esperan algo más. Algo (in)tangible que perdure y contribuya a una mejor convivencia en sentido (im)material.

La filosofía estoica invita a un ejercicio de autoconocimiento. Antes de actuar, es necesario preguntarse: ¿hacia dónde quiero ir? ¿Qué tipo de vida deseo vivir? ¿Qué es verdaderamente importante para mí? Estas preguntas no son fáciles, pero son esenciales. Sin ellas, la acción corre el riesgo de convertirse en mera agitación.

La estrategia empresarial

En el ámbito profesional, la enseñanza de Séneca es igualmente relevante. Cobra mucho valor la estrategia empresarial, que es el plan de acción a largo plazo que define cómo una organización utiliza sus recursos y capacidades para lograr sus objetivos, generar valor y asegurar una ventaja competitiva sostenible. Funciona como una hoja de ruta que alinea las actividades funcionales (marketing, finanzas, operaciones) con la misión y visión, permitiendo adaptarse al entorno cambiante.

La investigación sobre el propósito ha demostrado que las personas y organizaciones que tienen objetivos claros y específicos son más resilientes, tenaces y generan más impacto y motivación. También facilita la toma de decisiones coherentes con los valores para obtener resultados a largo plazo.

La claridad reduce la incertidumbre, lo cual reduce la ansiedad. La prisa constante suele estar asociada a la sensación de urgencia y presión. Cuando las personas de una organización actúan sin rumbo claro, pueden sentirse atrapadas en una actividad frenética que no produce satisfacción. ¿Te suena? En cambio, cuando existe un propósito definido, la acción adquiere coherencia. Incluso el esfuerzo intenso se percibe como significativo. Favorece la autonomía de las personas porque define el marco de actuación.

Controla lo que puedes controlar

El pensamiento de Séneca también tiene una dimensión ética. La rapidez puede ser impulsada por impulsos irracionales, como la ambición desmedida, el miedo o la necesidad de aprobación. En cambio, la dirección implica reflexión y deliberación. Actuar con propósito significa actuar conscientemente, en lugar de reaccionar automáticamente a las circunstancias.

En este sentido, es importante distinguir entre lo que está bajo nuestro control y lo que no lo está. Esta distinción es fundamental para vivir con serenidad. No podemos controlar los acontecimientos externos, pero sí podemos controlar nuestras decisiones y nuestro rumbo. Saber adónde se va es, en última instancia, una cuestión de elección y de prioridades.

La priorización es especialmente relevante en una sociedad caracterizada por la distracción constante. Las tecnologías digitales han multiplicado las fuentes de estímulo, fragmentando la atención. Las personas reciben continuamente información, notificaciones y demandas. Nunca fue tan fácil perder el rumbo, reaccionando a estímulos externos en lugar de actuar según un propósito propio.

Cuando una persona sabe adónde quiere ir, puede evaluar las opciones de manera más efectiva. Cada decisión puede analizarse en función de si acerca o aleja del objetivo. Esto reduce la confusión y facilita la coherencia. En cambio, cuando no existe un propósito definido, las decisiones pueden volverse arbitrarias o influenciadas por factores externos. La persona puede cambiar de rumbo constantemente, sin avanzar realmente.

La dirección proporciona motivación. La claridad de propósito también fortalece la perseverancia. Los obstáculos son inevitables en cualquier camino significativo. Sin embargo, cuando el objetivo es claro, es más fácil mantener el esfuerzo.

No corras cuando no sabes adónde vas

La frase “No llega antes el que va más rápido, sino el que sabe dónde va” resume una verdad universal. El progreso auténtico no depende de la velocidad, sino de la dirección. La prisa puede crear la ilusión de avance, pero solo el propósito garantiza el progreso real. El movimiento no siempre aporta.

En un mundo que valora la rapidez, recordar la importancia de la dirección es un acto de sabiduría. El tiempo, cuando está guiado por un propósito claro, se convierte en un aliado. Sin propósito, incluso la mayor velocidad puede conducir a ninguna parte.

Más de dos mil años después, la voz de Séneca sigue siendo relevante. Su enseñanza no es un simple consejo, sino una invitación a vivir y trabajar con intención. Saber adónde se va es, en definitiva, el primer paso para llegar verdaderamente a algún lugar. Antes de moverte, piensa hacía donde y para qué.

¿Tu empresa tiene un propósito claramente definido?

¿Lo conocen todas tus colaboradores y grupos de interés?

Cuando tomas decisiones, ¿haces referencia a tu propósito?

¿Lo comunicas externamente?

El poder transformador
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